Durante 32 años, cada 27 de diciembre, bien temprano en la mañana (o a
la hora en que despertara), allí estaban ellas, esperándome...
esperando ser vistas y admiradas por mi!!, y allí estaba ella, esperando
que yo las viera a ellas!!!... mi dulce mamá!!!, para comenzar con la
celebración... nuestra celebración... Mi cumpleaños!
Mi
mamá me acostumbro a ellas... a mis altas y coloridas aves del paraíso,
abrazadas por los aromáticos eucaliptos. Encontrarlas cada mañana de
cada 27 de diciembre se convirtió casi que en un acto religioso, una
ceremonia... como el primer cafesito de la mañana, que sin el, no se
podría comenzar el día! Y para mi, era imposible comenzar mi día de
cumpleaños, sin ellas... Mis aves del paraíso, y sus eucaliptos; como
dos amantes inseparables.
Mañana cumpliré 42 años (me
siento muy orgullosa cuando expreso mi edad), y aún sigo esperando
despertar y encontrarlas allí, listas para la celebración, vestiditas y
arregladas; coloridas y perfumadas.
Por algunos otros
años, cuando ya no me encontraba en mi país natal, yo misma me las
obsequiaba... no era lo mismo, pero no dejaban de ser hermosas y alegrar
mi día de cumpleaños!
Cada 27 de diciembre
inconscientemente mis ojos las buscan al despertar; mi corazón las
añora; añora su sonrisa y sus ojos.... su disposición de hacer nuestro
día, uno muy especial.
Ahora me explico porque me gusta
tanto cumplir años!! en comparación con mucha gente que conozco, que
hasta se molesta!!!. Y como no me iba a gustar??! Si tengo en mi vida a
la persona que me hizo maravilloso e inolvidable cada uno de mis
cumpleaños... hasta el 32... Luego me fui.
Y aunque he
mantenido el entusiasmo en cada uno de mis cumpleaños, y los he
celebrado con alegría, tengo que confesar que la esperanza de
encontrarlos al abrir mis ojos, sigue latente en mi. Como el aroma de la
tierra húmeda que se extraña en el verano; como el singular sonido de
los grillos caraqueños; las voces de la infancia; y ese calorsito de sus
manos grandes, pero sobre todo, su mirada, que tanto esconde y tanto
dice y tanto ama... mi dulce mamá y sus aves del paraíso con eucaliptos.
La imagen es de la artista plástica Anna Broheniman.
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