
Entonces amaneció, inmediatamente después de que la oscuridad se hiciera insoportable. Justo cuando te percatas de que el corazón ciertamente, duele. Justo allí, las pequeñas y suaves gotas de luz naranja dieron sus primeras pinceladas en mis ojos semiabiertos, agotados, nublados.
Supe que había muerto, y la que hoy despertó, ya no sería la misma nunca mas; aquella murió. Y no dudo de que vuelva a morir una y otra vez.
Hoy comienzo a renacer.
Hoy mi garganta me lo dijo: Hoy creo en los milagros.
Espectacular. Me emocionó al punto de sentir nubecitas en los ojos. Somos grandes, luego no seremos, luego sí, luego no, y así sucesivamente.
ResponderSuprimirasí es... y cada "luego" duele. Es un dolor hermoso... que duele.
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